El proyecto iba y va más allá del clásico repaso de verano de las asignaturas no superadas: se trataba de integrar al alumno en un ambiente de trabajo en el que se puedan alcanzar objetivos tan ambiciosos como imprescindibles:
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Reconstrucción de aprendizajes.
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Creación/modificación de hábitos de estudio.
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Motivación del alumno.
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Practicar técnicas de estudio y de comportamiento responsable.
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Etc.
Una formación y educación integral de niños/as, adolescentes y jóvenes preuniversitarios no podía limitarse a la mera impartición de clases de asignaturas no superadas, sino que se hacía imprescindible:
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Una tutela cercana y una constante supervisión de la evolución de nuestros alumnos, tanto académica como psicológica.
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Un contacto estrecho con padres y/o tutores para coordinar esfuerzos y lograr superar, en muchos casos, situaciones de verdadero fracaso escolar.
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Una programación global de las actividades: tanto de las académicas como de las de tiempo libre, tuteladas por tutores, profesores y monitores.
Todo ello requiere:
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Un amplio horario de dedicación, en función de la idiosincrasia del alumno (internado o externado).
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Unas adecuadas instalaciones para su desarrollo.
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Una calidad del servicio y del equipo pedagógico.
Con esta filosofía, en fin, surge el Colegio de Verano Piquer: integrar en un único proyecto la reconducción de alumnos con problemas en los estudios en un entorno disciplinado y pedagógico, a la par que humano, sin descuidar valores transversales como el respeto, la educación o el importante proceso de maduración como persona, alejados en todo momento de cualquier ideología política o religiosa.